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LAUREANO, EL HOMBRE TEMPESTAD


Frente a Laureano Gómez es mucho lo que podemos decir, pues se trataba de un brillante ingeniero, periodista, político, estadista, parlamentario, diplomático, orador, panfletista osado y escritor de brillante estilo, que ocupó la presidencia de la república entre los años 1950 y 1951 en representación del entonces vigoroso, Partido Conservador Colombiano.

Laureano, como pocos, fue recio, implacable, radical, directo y forjado a imagen y semejanza de las ordenaciones jesuitas de Ignacio de Loyola. Admirador del Franquismo Español y del Nazismo, defendió de manera férrea sus principios conservadores, los cuales profesaba con carácter, convicción y absoluta determinación. Su lenguaje y discurso alborotaba las masas y, su prosa emulaba la de un orador consumado. Su conocimiento  y dominio acerca de los fenómenos políticos y sociales era riguroso, hasta el punto de no dejar escapar el más mínimo hecho.

De esta manera, este caudillo no era un sujeto de medias tintas, y por tal razón, solo se le podía amar u odiar, pues despertaba pasiones en diferentes extremos, pero con suma intensidad. Firme, impasible y sereno, eran, según algunos historiadores, sus principales cualidades, dado que les enseñó a sus seguidores a defender sus convicciones con ahínco y, a su vez, con elocuencia: una combinación demoledora para un país amante del verbo y de la gramática. Fue así como la condición humana de Laureano llevó a sus contemporáneos, entre esos a Gaitán, a calificarlo de monstruo. Empero, para otros fue considerado como “El Tribuno del Siglo XX” o “El Hombre Tempestad”.

Laureano ejerció la presidencia de la república hasta 1951 por su deficiente estado de salud, pero luego en 1953 cuando intentó regresar al cargo,  fue depuesto en un golpe de Estado por el general Gustavo Rojas Pinilla. Fue representante a la Cámara, Senador, Diputado de Cundinamarca, Alcalde de Bogotá, Ministro de Estado y un gran actor de la guerra de los mil días. Protagonizó la cruda violencia entre liberales y conservadores, debido a la lucha ideológica que padecía el país en ese entonces. Y fue un gran protagonista del denominado Frente Nacional, entre líderes liberales y conservadores. Laureano ha sido admirado por algunos y odiado por otros gracias a su radicalismo extremo. Además, de ser el gran orador del siglo XX. Falleció el 13 de Julio de 1965 en Bogotá en compañía de su familia, dejando un legado positivo y negativo.

Adenda: Cualidades y defectos observamos en los caudillos de siglo XX, pues en este caso optamos por describir brevemente a Laureano Gómez, uno de los más polémicos. Sin embargo, también es importante mencionar a Jorge Eliecer Gaitán, quien, con su accionar marcó la historia de Colombia.  Ahora bien, los dos caudillos (Laureano y Gaitán) contaban con un común denominador: ambos profesaban ideologías diversas, pero con defectos y deficiencias semejantes; el radicalismo extremo los cegó. Lo que nos lleva a concluir que, la lucha ideológica de aquella época fue aguda y sangrienta. Por ello, es importante tomar estos acontecimientos históricos para mirar el espejo de lo que, en este nuevo siglo, debemos urgentemente superar: la gobernabilidad y la razón deben anteponerse sobre el apasionamiento. Solo así construiremos un verdadero Estado Social, plenamente democrático y respetuoso de las libertades individuales.

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