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EL PROBLEMA DE COLOMBIA SE SOLUCIONA CON UN VERDADERO PROCESO DE PAZ


Errada la posición del Gobierno al considerar que las deficiencias de este país se solucionan otorgando exceso de concesiones sin organizar un verdadero proceso de paz; según la situación, más que soluciones, auguro infinidad de desgracias para la estructura estatal y el bienestar de la población. Comencemos por mencionar que dicho proceso estuvo mal enfocado, porque se le entregó mucho a la guerrilla sin exigirle nada a cambio. En realidad, el Gobierno Nacional se preocupó más por complacer los deseos de un grupo de insurgentes- que no desean algo diferente que acceder al poder- ignorando la voluntad de los colombianos que se manifestaron negativamente ante el mamotreto pactado en la Habana.  A estas alturas es posible afirmar que, el “proceso de paz” de 7 años no fue un verdadero proceso, sino una simple desmovilización de un grupo de sujetos que desearon durante más de 50 años acceder a las mieles del poder a través del narcotráfico, el genocidio, el secuestro, y la extorsión. Infortunadamente, el Gobierno accedió, y ahora estamos en presencia de una delincuencia triunfante.

Particularmente, luego de hacer un gran esfuerzo, debo confesar que he aprendido a soportar la idea de que los cabecillas de las Farc no irán a la cárcel, asimismo que accederán al Congreso de la República. Ya no hay nada que podamos hacer, sin embargo, es claro que en  la actualidad pertenecer al Congreso no es un honor, sino un sacrifico que muchos no están dispuestos a asumir porque no es honorable ser miembro de una constelación de eunucos. Por el contrario, es un nefasto desprestigio. Lo que no hemos podido soportar es la idea de que pretendan entregarle a las Farc, el sistema jurisdiccional, a través de la jurisdicción especial, que no es más que un mecanismo establecido por la guerrilla para exculparse de los crímenes cometidos, con el fin de corretear a todo aquel que se oponga a la doctrina comunista revolucionaria. Por otra parte, no soportamos ni nos parece factible que pretendan tramitar una ley de tierras tendiente a despedazar la propiedad agrícola privada para favorecer a las Farc. Ello, tal vez, es lo más perjudicial para el desarrollo económico de una nación que, depende directamente del campo.

Tampoco resulta admisible, concederle infinidad de emisoras a las Farc para que profanen obligatoriamente una ideología manchada de sangre y terror. Mucho menos cuando la población los aborrece y no los desea escuchar ni en el más mínimo espacio. Del mismo modo, nos oponemos a que accedan a subsidios que son reales, aun cuando al principio, a quienes denunciamos nos trataron de mentirosos. Creemos que los subsidios se les deben conceder a los colombianos decentes en condiciones de vulnerabilidad para poder subsistir, así como a los pequeños y medianos comerciantes para emprender su actividad económica, pero no a un grupo criminal que cuenta con infinidad de narco-dólares. Como es sabido, los cabecillas no devolverán parte del dinero obtenido con el narcotráfico, por lo que consideramos, deberían utilizar el mismo para repartirlo entre sus subalternos rasos, evitándole semejante carga financiera al Estado. Pero es claro que no lo harán porque parte de lo negociado bajo cuerda, implica la accesión al poder y a los beneficios, conservando sus mal habidas fortunas.

Como en el amor, de todo lo malo siempre hay algo bueno: bienvenida la acertada decisión de la Corte Constitucional, quien tumbó los literales H y J del acto legislativo 01 de 2016. Ello simple y llanamente, limita los alcances de las concesiones del Gobierno a las Farc vía ‘Fast Track’, y, le quita tranquilidad a la guerrilla. El fallo aún no se conoce, pero desde ahora, podemos sostener que ha triunfado la democracia, a través de los nuevos magistrados de la Corte Constitucional.  Finalmente, es nuestro deber, reconocer la buena labor de los magistrados Luis Guillermo Guerrero, Carlos Bernal Pulido,  Iván Escrucería, José Antonio Cepeda y Gloria Ortiz. Gracias a ellos, contamos con un límite para la implementación de lo acordado. Así la Unidad Nacional pretenda hacerle conejo a la acertada decisión del alto tribunal.

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